11 de juliol 2008

einhundertzweiundachtzig (o LA TECLA DE PIANO QUE QUERÍA SER BAJO)


(No es que fuese muy alta. No es que quisiera ser hombre.)

Pues estaba la tecla sentada conmigo compartiendo el momento "pies colgando" en un barranco.

Día de sol, nubes al fondo, brisa de manga corta.


- Nací blanca, con un bulto negro pegado - me decía.


Me estuvo comentando que no soportaba ser igual que otras siete en su piano. Limpia. Lisa. A la izquierda del todo, cerca de un Si bemol refinado. Todas tenían seis dobles, ella siete.


- Nunca me tocaban, joder! – trago de cerveza - Por eso cuando me hice mayor decidí irme a una escuela para arpistas. Entre tanta cuerda lloré tinta, tío.


Noté que lo que le pasaba era que le amargaba no sonar, tener que golpear una cuerda para que vibrara. Lo que quería era ser la cuerda.


La observé con detalle, dí un trago de cerveza yo también. La escuchaba atentamente:


- Allí ví claro que jamás, por mucho que me estirase, podría llegar a sonar. Caí en un pozo casi tan profundo como este barranco, tío. Lo pasé fatal. Empecé a consumir y traficar silencios. Fué muy chungo.

- Ya ves...

- Pues sí. Gané pasta y tal y me dió por comprarme un bajo.

¿Un bajo? Pensé.

- No sé... fué una época muy oscura, lo compré, lo tenía debajo de la cama. Jódete! Pensaba... aquí no te toca nadie, como a mí. Jódete! – (en ese momento tiró una piedra por el barranco. La oímos. Silencio.)- ... me enamoré de él.

Me quedé unos instantes pensando, mirando al vacío.

- ¿Y él?- pregunté.

- ¿Él, qué?

- ¿Coño, él no quería acabar contigo?

- Yo qué sé… Le puse aceite por dónde se enchufa el Jack, le destensé las cuerdas. Cuando se enteraron los de la academia me expulsaron y tuve que ir a juicio por secuestro y malos tratos.

Llegados a ese punto, todo se me hacía muy surrealista y empezaba a no creer todo lo que explicaba.

- Me condenaron a seis canciones como caja de batería y a tres como plato. “No te irás hasta que suenes como ellos” me dijeron los cabrones.

- ¿Y qué hiciste?

- Pues recibir montón de hostias de baqueta y playback.

- ¿?

- Encontré una colega de mi piano, un fa sostenido de la otra punta. Tenía contactos y montó un chanchullo para que pudiera hacer lo que querían.

Se me hacía muy difícil imaginar a alguien baqueteándola. Me acabé el culo de la cerveza y empecé a liarme un cigarro.

- Fumas?

- No, tengo que cuidarme la voz.

Qué tipa tan rara.

- Bueno, acaba la historia, te escucho- le dije.

Y esa fue la clave. Se levantó, empezó a enloquecer. Daba vueltas, giraba sobre ella misma mirando al sol. Se tambaleaba, deliraba.

- ME ESCUCHA!!!! ME ESCUCHAAAAAA!!!!!!! LO OYES?!?! LO OÍS?!?!!? ME ESCUUUUCHAAA!!! A MÍÍÍ!!

Y el eco le devolvía sus palabras (a mííí… ííi… íiii…)

- JjajASJDAJAJAJA!!! ME ESCUCHA A MÍ!!!!

Me giré para observar detenidamente la situación, se me antojó daliniana. La veía regodeándose en el suelo, casi llorar. Cuando se calmó le dije que se viniera conmigo.

- A dónde?

- A mi teclado rojo. Lo resisitirás?

- Claro. Me escucharás?

- Claro.

Y así fue que sólo tenía que encontrar su sitio, como todas las historias de los que no quieren ser el medio, sino el FIN.


Merci Arecio per haver preguntat, va por tí!

3 comentaris:

vafalungo ha dit...

Trobar el lloc, que ens escoltin i vibrar, sí, em sembla que jo també prefereixo ser baix.

proudemax ha dit...

Jo vull ser pluja i esperar-me tres hores a descarregar.

Només eren tres hores vafa... perquè?!?!?!

GuS ha dit...

A mi me ha encantado el dibujo...